Hay días en los que parar parece un lujo. Tienes una lista larga, poco tiempo y la sensación de que, si te levantas de la silla, todo se retrasará. Así que sigues. Una hora, dos, tres… y a media tarde estás leyendo correos sin entender lo que dicen.
Parar unos minutos no es perder el tiempo. Al contrario: es una de las formas más baratas de llegar al final del día con algo de energía. Y no lo decimos nosotros, lo dice la investigación.
Lo que dicen más de veinte estudios sobre las micropausas
En 2022, un equipo de investigadores rumanos reunió todos los estudios que encontró sobre las llamadas micropausas: interrupciones breves, de diez minutos o menos, durante la jornada. En total analizaron 22 estudios publicados a lo largo de unos treinta años (Albulescu et al., 2022).
Sus conclusiones fueron bastante claras en una parte y más matizadas en otra:
- Las micropausas se asociaban con más vitalidad y menos fatiga. Ese efecto era consistente.
- En cuanto al rendimiento, el efecto general no fue significativo. Sin embargo, las pausas algo más largas sí se relacionaban con un mejor rendimiento en tareas rutinarias o creativas.
- En tareas mentalmente muy exigentes, unos pocos minutos no bastaban para recuperar el rendimiento. Ahí parece que hace falta parar más.
Traducido al día a día: una pausa corta no te convertirá en una máquina, pero sí hará que llegues menos agotado. Y si lo que haces exige mucha concentración, conviene que las pausas sean algo más largas.
Por qué la atención se desgasta (y cómo «reiniciarla»)
Alejandro Lleras y Atsunori Ariga, de la Universidad de Illinois, estudiaron por qué perdemos concentración cuando hacemos una misma tarea durante mucho rato. Pusieron a varios grupos a hacer una tarea monótona durante unos cincuenta minutos. El grupo que, un par de veces durante la prueba, cambiaba brevemente a otra actividad mantuvo su rendimiento, mientras que el resto fue empeorando poco a poco (Ariga y Lleras, 2011).
Su explicación es interesante: el cerebro se «acostumbra» al objetivo que tiene entre manos y deja de prestarle atención, igual que dejas de notar el ruido de la nevera. Apartarte un momento y volver hace que el objetivo vuelva a parecer nuevo.
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Cómo hacer pausas que de verdad descansen
Levántate de la silla
Si puedes, muévete un poco. Ir a por agua, estirarte, asomarte a la ventana. El objetivo es cambiar de postura y de estímulo.
Mejor sin pantalla
Pasar de la hoja de cálculo al móvil no es exactamente una pausa: sigues mirando una pantalla y sigues recibiendo información. Prueba a dejar el teléfono en la mesa durante esos minutos.
Ponles un momento fijo
Si esperas a «sentirte cansado» para parar, lo más probable es que no pares nunca, o que lo hagas cuando ya estás agotado. Una alarma cada hora u hora y media funciona mejor que la intuición.
Ajusta la duración a la tarea
Para trabajos rutinarios, unos minutos pueden bastar. Si estás escribiendo, estudiando o resolviendo algo complicado, plantéate pausas más largas, de quince o veinte minutos, cada cierto tiempo.
Parar también es parte del trabajo
Nos cuesta aceptarlo porque parar no se ve. Nadie te felicita por haberte levantado diez minutos a mirar por la ventana. Pero si lo que buscas es rendir bien todo el día, y no solo durante la primera hora, las pausas no son una pérdida de tiempo. Son parte del plan.
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Bibliografía
- Albulescu, P., Macsinga, I., Rusu, A., Sulea, C., Bodnaru, A. y Tulbure, B. T. (2022). «Give me a break!» A systematic review and meta-analysis on the efficacy of micro-breaks for increasing well-being and performance. PLOS ONE, 17(8), e0272460. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0272460
- Ariga, A. y Lleras, A. (2011). Brief and rare mental «breaks» keep you focused: Deactivation and reactivation of task goals preempt vigilance decrements. Cognition, 118(3), 439–443. https://doi.org/10.1016/j.cognition.2010.12.007




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