Crecimiento personal y cuidado de uno mismo

Por qué nos cuesta tanto deshacernos de cosas (y cómo ponértelo más fácil)

Habitación llena de cajas de cartón y objetos amontonados

Tienes una camiseta que no te pones desde hace tres veranos. Un aparato de cocina que usaste dos veces. Una caja de cables que «seguro que algún día sirven». Sabes que no los necesitas, te ocupan sitio y aun así, cuando llega el momento de deshacerte de ellos, algo te frena.

No es solo pereza. Hay dos mecanismos mentales muy estudiados que explican por qué nos cuesta tanto soltar cosas, y conocerlos ayuda bastante a ordenar.

Lo tuyo vale más (solo porque es tuyo)

En un experimento ya clásico, los economistas Daniel Kahneman, Jack Knetsch y Richard Thaler regalaron tazas a la mitad de un grupo de estudiantes universitarios. Luego les preguntaron por cuánto estarían dispuestos a venderlas. Al resto, que no tenía taza, les preguntaron cuánto pagarían por una igual (Kahneman et al., 1990).

Lo lógico sería que las cifras fueran parecidas: es la misma taza. Pero no. Quienes la tenían pedían, de media, más o menos el doble de lo que los demás estaban dispuestos a pagar. Solo habían tenido la taza unos minutos, y ya la valoraban mucho más.

A este fenómeno se le llama efecto dotación: en cuanto algo pasa a ser nuestro, nos parece más valioso. Y si eso ocurre con una taza recién regalada, imagina con un jersey que llevas diez años guardando.

«Con lo que me costó…»

El segundo mecanismo es el coste hundido. Hal Arkes y Catherine Blumer lo estudiaron con algo tan cotidiano como unos abonos de teatro. Vendieron abonos de temporada a distintos precios: unos pagaron el precio completo y otros recibieron un descuento sin saber por qué. Durante la primera mitad de la temporada, quienes habían pagado más fueron a más funciones que quienes habían pagado menos (Arkes y Blumer, 1985).

Es decir, el dinero que ya habían gastado, y que no iban a recuperar fueran o no, influía en sus decisiones. Con los objetos pasa igual. Nos cuesta tirar una prenda cara que no nos sienta bien porque sentimos que, al hacerlo, «perdemos» lo que pagamos. Pero ese dinero ya se gastó. Guardarla no lo recupera.

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Cómo ordenar sabiendo esto

Cambia la pregunta

En lugar de «¿esto vale algo?», pregúntate: «si no lo tuviera, ¿lo compraría hoy?». Esta pregunta esquiva el efecto dotación, porque te pone en la piel de quien no lo tiene.

Olvida lo que costó

El precio ya está pagado, te quedes o no con el objeto. La única pregunta útil es si te aporta algo ahora. Si no lo hace, mantenerlo solo añade el coste del espacio que ocupa.

Usa una caja de «cuarentena»

Si dudas, mete las cosas en una caja, ciérrala y apunta la fecha. Si en tres meses no has necesitado abrirla, ya tienes la respuesta. Es una forma suave de vencer el miedo a arrepentirte.

Dale una segunda vida

A veces cuesta menos desprenderse de algo si sabes que alguien lo va a aprovechar. Donarlo, regalarlo a alguien que lo necesite o venderlo de segunda mano puede hacer que soltar sea más fácil.

Empieza por lo menos emocional

Ropa que no te queda, utensilios repetidos, papeles caducados. Deja las fotos, las cartas y los recuerdos para el final, cuando ya hayas cogido práctica.

Menos cosas, más espacio

Ordenar no es solo cuestión de cajas y estanterías, también es aprender a escucharte cuando una parte de ti dice «esto mejor lo guardo». Saber que esa voz tiene nombre, y que la tiene todo el mundo, hace mucho más fácil decirle que no.


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Bibliografía

  • Arkes, H. R. y Blumer, C. (1985). The psychology of sunk cost. Organizational Behavior and Human Decision Processes, 35(1), 124–140. https://doi.org/10.1016/0749-5978(85)90049-4
  • Kahneman, D., Knetsch, J. L. y Thaler, R. H. (1990). Experimental tests of the endowment effect and the Coase theorem. Journal of Political Economy, 98(6), 1325–1348. https://doi.org/10.1086/261737

Este artículo es divulgativo y no sustituye el consejo de un profesional de la salud.

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