Fregar los platos está en el top de tareas que casi nadie quiere hacer. Es repetitiva, llega justo cuando apetece sentarse en el sofá y, para colmo, mañana habrá que volver a hacerla. Por eso la solemos despachar a toda prisa, con la cabeza en otra parte o con el móvil apoyado en la repisa.
Pero hay un estudio que propone mirarla de otra manera. No para que te guste fregar (eso sería mucho pedir), sino para aprovechar esos minutos a tu favor.
El experimento del fregadero
En la Universidad Estatal de Florida, Adam Hanley y su equipo pidieron a 51 estudiantes que fregaran platos. A la mitad les dieron antes un texto breve que les invitaba a prestar atención plena a la tarea: notar la temperatura del agua, el olor del jabón, el tacto de los platos. A la otra mitad les dieron un texto neutro que describía cómo lavar los platos correctamente (Hanley et al., 2015).
Después midieron cómo se sentían. Quienes habían fregado con atención plena contaron que:
- Su nerviosismo había bajado un 27 %.
- Su sensación de inspiración había subido un 25 %.
En el otro grupo no se vieron esos cambios. Además, el grupo que había prestado atención recordaba más detalles de la experiencia y tenía la sensación de haber pasado más tiempo fregando, como si esos minutos hubieran sido más largos y más presentes.
Es un estudio pequeño, con estudiantes y en una sola sesión, así que conviene tomarlo como lo que es: una pista interesante, no una terapia. Pero apunta a algo que muchas tradiciones de meditación llevan siglos diciendo: no hace falta sentarse en un cojín para practicar la atención plena.
Qué es exactamente «fregar con atención»
No se trata de nada místico. Es, simplemente, hacer la tarea sin hacer nada más a la vez y dejando que los sentidos estén ahí:
- Notar la temperatura del agua en las manos.
- Fijarte en el olor del jabón.
- Escuchar el sonido de los platos al apilarlos.
- Ir plato a plato, sin pensar en los que quedan.
Cuando la mente se vaya a la lista de mañana o a la conversación de esta tarde (que se irá), la idea es volver con suavidad a lo que estás haciendo. Sin juzgarte.
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Llevarlo a otras tareas de casa
Lo bonito de esta idea es que sirve para casi cualquier tarea doméstica repetitiva:
Doblar la ropa
El tacto de las prendas, el olor a limpio, el gesto de alinear las esquinas. Es una de las tareas más tranquilas de la casa si no la haces corriendo.
Barrer o pasar la mopa
El movimiento rítmico de los brazos y el suelo que va quedando limpio detrás de ti tienen algo de meditativo.
Cocinar
Cortar verduras, remover una salsa, oler las especias. Cocinar sin pantalla al lado puede ser el momento más tranquilo del día.
Un pequeño reto para esta noche
La próxima vez que friegues, deja el móvil en otra habitación y haz la prueba durante cinco minutos. No necesitas cambiar nada más. Si te parece que no ha pasado nada, no pasa nada. Si notas que terminas un poco más tranquilo, ya tienes un pequeño ritual diario que no te cuesta ni un minuto extra.
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Bibliografía
- Hanley, A. W., Warner, A. R., Dehili, V. M., Canto, A. I. y Garland, E. L. (2015). Washing dishes to wash the dishes: Brief instruction in an informal mindfulness practice. Mindfulness, 6(5), 1095–1103. https://doi.org/10.1007/s12671-014-0360-9




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